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Algunas cuestiones sobre el shakuhachi en el Ukiyo-e

Algunas cuestiones sobre el shakuhachi en el Ukiyo-e

En los grabados japoneses conocidos como ukiyo-e, término que se suele traducir como “dibujos del mundo flotante”, es notoria la precisión con la que son representados los objetos, con mucha atención a los detalles mas delicados.

Así podemos ver los instrumentos musicales fielmente dibujados, y cuando los detalles aparecen, suele ser de forma correcta. En los shamisen aparece incluso el nudo con el que se sujetan las cuerdas al cuerpo, las clavijas, el puente, y cuando aparece alguien tocando el instrumento, la manera en la que se sujeta, la posición de las manos, la forma de pulsar las cuerdas con el bachi, o plectro, todo está minuciosamente descrito como es en la realidad.

Sucede lo mismo con otros instrumentos, como los koto, tsuzumi (tambores de mano), shinobue etc.

Pero no es así en el caso de los shakuhachi. Normalmente aparecen dibujados parcialmente, de forma que vemos solo la raíz del instrumento, y cuando están representados completos, no parecen instrumentos reales. No tienen utaguchi, la situación de los agujeros es errónea, incluso aparecen con mas de cinco agujeros, y cuando se representan siendo tocados, la posición de las manos y los dedos no son correctos.

 

Además, son muy escasas las ocasiones en las que el shakuhachi aparece siendo tocado,  mucho mas frecuentemente se le ve colgado a la espalda de los personajes, incluso es mas común verlo utilizado como garrote en una pelea.

 

Existen numerosos ejemplos. Las representaciones mas comunes son las de los monjes Komuso, a menudo dibujados fielmente, con el Tengai, o sombrero en forma de cesta y sus demás accesorios, pero con los shakuhachi en su funda.

Mas habitualmente, el shakuhachi aparece en los grabados que describen las obras del teatro Kabuki, como en las que aparecen los Otokodate, legendarios caballeros que ejercían labores de protección a la población. El tercer grupo mas frecuente en el que aparecen es el conjunto de grabados que describen las historias del príncipe Genji, novela escrita a comienzos del S.XI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Da la impresión de que a menudo lo que representan no son shakuhachi reales, sino instrumentos de “atrezzo” utilizados para las obras del teatro Kabuki, en los que el shakuhachi aparece con frecuencia, pero no es tocado nunca, solo forma parte del vestuario de los personajes.

 Llama la atención que el número de ejemplos con representación detallada y verosímil es muy escaso. Entre los cientos de grabados que he podido examinar, solo he podido encontrar unos pocos.

En el S.XVIII hay varios grabados de Kiyonaga representando komuso tocando shakuhachi de forma realista. Aunque no se distinguen los utaguchi, los instrumentos, la posición de los agujeros, las manos, todo es correcto.

También encontré dos grabados de Utamaro en los que los shakuhachi, aunque no se ven enteros, son representados con utaguchi. En el ejemplo de la foto, se ve un utaguchi incrustado, y los agujeros parecen bien colocados. En el otro ejemplo se aprecia el bisel del utaguchi sin incrustación, y no se ven los agujeros.

Por último, incluyo una imagen de Yoyokuni I en la que aparece un shakuhachi que pudiera haber sido copiado del natural, aunque es un bambú de solo cinco nodos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solo he encontrado otro ejemplo de shakuhachi bien dibujado, de Gosei, en la siguiente imagen:

El shakuhachi no ha sido un instrumento popular en Japón.  Aunque todos han oído hablar del instrumento, y es un término muy conocido, (aunque a menudo con un significado bien distinto), a menudo me ha sorprendido lo frecuente que es encontrarme con personas del Japón que no han visto ni escuchado nunca un shakuhachi.

Podría ser que se tratara de otro caso más de desvanecimiento de una tradición, como sucede con tantas otras artes y técnicas en todo el mundo. Pero la observación de la iconografía sugiere que durante los Siglos XIX y XIX el shakuhachi era escaso hasta el punto de no ser representado de forma fiel salvo en alguna ocasión, y da que pensar el porqué casi ninguno de los abundantes artistas del género, a lo largo de doscientos años, dispusiera de un modelo real que copiar.

Quizás, el legendario origen del shakuhachi en los monasterios de los monjes Komuso, y la aportación del bushido, el código samurai, puedan explicar los hechos. Pudiera ser que el shakuhachi no fuera un instrumento para tocar en público, fuera de las labores de meditación, culto, o ceremonia. El repertorio tradicional Kōten Kyoku sugiere una interpretación individual, interna, y que, mas que para ser oída, sobre todo está hecha para ser interpretada, como el canto Gregoriano occidental.

Este artículo es una versión resumida de un trabajo mas completo, que publicaré en mi página web, y solo pretende llamar la atención sobre algo que a mi me parece sorprendente. Quizá alguien mas experto que yo en la materia, pueda tener más información que ayude a aclarar el fenómeno.

Jose Seizan Vargas (Tokio – Madrid, Primavera 2015)

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